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La rutina flota entre el recuerdo

La rutina flota entre el recuerdo. Acrílico, 2010.

Se derrama la sombra

al salir por la puerta:

el cuerpo entre paredes

mis recuerdos y yo,

al aire libre.

Francisco González Brizuela

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Un escritorio puede ser un mundo

Un escritorio puede ser un mundo; cosas por hacer, libros por leer, historias por crear y pulir.

También puede ser esa llanura desierta en la que solo el polvo se hace presente para quedarse.

En cualquier caso el mueble empezó a representar para él un antipático recordatorio de sus tareas pendientes. También de sus imposibilidades.  Solo hizo falta entonces la oportunidad y una caja de fósforos. El deseo de ver esa fogata lo enceguecía; se sintió embriagado de liberad.

Tras terminar un vaso de fiel cerveza se decidió: la ansiedad por dejarle el camino a las llamas provocó la quebradura de dos fósforos. Malditos esmirriados…

Entonces sí, el poderoso elemento comenzó a emitir calor y provocar sombras desde la punta de sus dedos. En ese momento él lo arrojó con placer hacia ese símbolo del mandato social.

Desde entonces, solo escribe de cuclillas en la arena.

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Pequeña resistencia

La belle captive (1967)

Aquella  mañana caminó hacia el museo saboreando el eco del café con leche. Si bien era muy temprano, al llegar pudo penetrar en el cálido ambiente.

Se paró frente al cuadro La belle captive, de Magritte.

De forma inmediata sintió un vínculo íntimo con la escena: una vez más experimentaba la sensación de asomarse  a la inmensidad a través de alguna manifestación artística; le había ocurrido de percibir en una tela, en una página o en una melodía lo que de otra forma quedaba sin ser revelado para la experiencia humana.

Sería pretencioso definir el tipo de comunicación que se estaba produciendo; la razón no alcanza a definir ciertas experiencias. Solo era evidente que el tiempo no imponía condiciones entre ellos. Esa quietud era impermeable  al movimiento en los pasillos y salas donde se multiplicaban  los roces entre suelas y alfombra.

Reafirmó que el disfrute ante ciertos paisajes depende de los telones del ánimo propio. Creyó sentir en las yemas de sus dedos el contraste entre los pliegues de la tela y la lisa superficie del cuadro. Admiró lo  luminoso y etéreo anteponerse a lo opaco y tangible.

Entonces lo distrajo un cavernoso gruñido desde los abismos de su estómago; el mediodía había llegado. Debía ir a trabajar. Otro día entre hamburguesas que debían salir en menos de dos minutos.

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