Perspectivas

Él estaba acostumbrado a observar casi todo desde abajo, en un ángulo que oscilaba entre los 35º y 80º.  Los complejos los había dejado en el portón de la escuela; aquellas relaciones también.

Sus días fluían mecidos por la certidumbre de poseer un plano favorable para contemplar de manera más completa todo aquello que le rodeaba.  Si bien la soledad se le había acercado para ya no dejarlo, él no se autocompadecía de ello.

Empezó a asumir esa ambivalente libertad como un designio más de los dioses; si a Ulises lo demoraron diez años lejos de su isla mientras su hijo crecía, con él no parecían haberse ensañado tanto.

En comparaciones de ese tipo trabajaba su mente mientras caminaba cada mañana hacia su trabajo. También ocurría al regresar. Solo se detenía al pasar debajo de aquella ventana y, al ver esas macetas como aferradas a la reja, a veces sonreía al imaginarlas trepando en busca de sus respectivas Julietas.

Otras veces palidecía al imaginarlas al borde de un suicidio inminente.

Pero siguió pasando día tras día,  mes tras mes creyendo verlo todo desde ese punto. Nunca supo que al observar esa ventana él también era observado. La apertura de ese ángulo entre los cristales y sus ojos le impedirían comprobar que ella lo esperaba puntualmente.

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Símbolos sueltos

Llama un amigo, invita a paticipar de su proyecto; confiadamente ofrece un espacio para que uno reflexione sobre aquello que más le interesa. Acepto.

Entonces los símbolos se acomodan el flequillo con saliva, sacuden las pantuflas y se disponen a visitar otros lugares y recordar las útlimas lecturas. Los dedos se mueven:

Reconozco que soy uno de esos lectores que muchas jornadas acuden a la cadencia del colectivo para arropar sus lecturas. Es más, podría defender a ultranza ese espacio frente a las apologías de la hamaca, una silla o la cama…ni qué hablar de leer en la playa, dejémonos de joder.

Pero hay que reconocer que…(leer la nota completa)

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Departamento once

El maquillaje no disfraza su tristeza

el gibré esparcido por su cuerpo

solo ilumina la huida de la ordinaria soledad

la blonda peluca recién peinada

cubre los pensamientos

más intrépidos del pasado

y los zapatos de charol colorado

esperan un amor que se cansó de viajar

las medias red cuidadosamente subidas hasta su entrepierna

simbolizan el camino al firmamento

el vestido de lentejuelas oscuras,

colgado aún en el armario de su historia,

conserva aquel final poco feliz

otra noche entre whisky y cigarros baratos

otro nuevo desafortunado caballero que viene y se va

y ella espera que el castigo de su ambigüedad infante se haga almíbar

para convertirse en una señora de guantes de seda

ya nadie golpea su puerta

ningún aventurero desea jugar en su jardín

su loca boca no tiene monumento

sus manos pintadas de inocencia

no guardan billetes verdes en el cajón

las ínfulas que alguna vez pretendió

se desvanecieron tras el diagnóstico infalible de su salud

cubriendo con un paño de raso negro

el destino evidente de su cruz.

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Emi Vega Hunicken, 2010.

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Algunos trazos del tiempo

Dedos, tizas, lapiceras y pinceles

trazan líneas,  curvas y vacíos.

Los ecos de otras voces, otras culturas rumiando desde tiempos y latitudes remotas recuerdan -a quien quiera y pueda entender-  que de las mixturas culturales solo nacen más posibilidades.

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Son risas

Las conocí en mis pesadillas; sudé.

Dejé caer la lluvia tibia de la ducha y cerré los ojos, por las dudas.

Salí a la calle. Trabajé.

Volví a casa; en el espejo me esperaban nuevamente.

No he vuelto nunca más,  pero aún las escucho.

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Navidades

El ácido olor del dinero

vejó la obra

de aquel  noble carpintero.

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Ánimo árido

Extraño los estrépitos

de tinieblas violentas

y flashes en el cielo,

la espera del ruido

la atmósfera expectante

y el viento causando gemidos

en las visagras cobardes

En especial la extraño a ella

la musa de lo verde

despertando olores,

la líquida catarsis

envolviéndolo todo,

la pureza gratuita

manando del cielo.

Me conformaría

-incluso-

con sus despojos en el suelo

para pasar descalzo y sentir

que no se fue para siempre.

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