Un escritorio puede ser un mundo

Un escritorio puede ser un mundo; cosas por hacer, libros por leer, historias por crear y pulir.

También puede ser esa llanura desierta en la que solo el polvo se hace presente para quedarse.

En cualquier caso el mueble empezó a representar para él un antipático recordatorio de sus tareas pendientes. También de sus imposibilidades.  Solo hizo falta entonces la oportunidad y una caja de fósforos. El deseo de ver esa fogata lo enceguecía; se sintió embriagado de liberad.

Tras terminar un vaso de fiel cerveza se decidió: la ansiedad por dejarle el camino a las llamas provocó la quebradura de dos fósforos. Malditos esmirriados…

Entonces sí, el poderoso elemento comenzó a emitir calor y provocar sombras desde la punta de sus dedos. En ese momento él lo arrojó con placer hacia ese símbolo del mandato social.

Desde entonces, solo escribe de cuclillas en la arena.

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