Archivo mensual: octubre 2009

Joaquín Sabina en estéro

Ellos casi no compartían momentos, no caminaban veredas ni degustaban vinos. Ellos no tenían ni idea de dónde vivía el otro,  ni siquiera intuían el  punto cardinal hacia el cual sus cuerpos irían a reposar.

Pero si pudieran verse simultáneamente mientras cada uno desanda su propia rutina, se encontrarían cantando alguna canción de Sabina.

Hoy, tal vez…

…los besos que perdí,

por no saber decir:

“te necesito”…

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Amplast

Confitadas grietas de amor plástico

dejaron tus blasfémicos dígitos

que usurparon, sigilosos, estas tierras morenas

oxidadas tras la intemperie de tu abandono

ahora deciden plantar bandera

en lo anacrónico y prohibido.

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Emi Vega Hunicken, 2009.

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Editorial _ Símbolos abiertos

Hay visitantes que leen los símbolos silenciosamente, y son acogidos.

Hay cómplices que se cruzan en divagaciones y conjuras con los símbolos que desde aquí se comparten, y son extrañados cuando pasa  tiempo sin cruzarnos.

A partir de hoy habrá compañeros que compartirán sus textos confiando en que este espacio es una sencilla plataforma hacia los infinitos cotidianos, y son muy bienvenidos.

Como escribió el poeta: gracias por el fuego.

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Neruda y la palabra

…Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados… Brillan como perlas de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío… Persigo algunas palabras… Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema… Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas… Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto… Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola… Todo está en la palabra… Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció. Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces… Son antiquísimas y recientísimas… Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada… Que buen idioma el mío, que buena lengua heredamos de los conquistadores torvos… Éstos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo… Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de la tierra de las barbas, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras.

Pablo Neruda. Confieso que he vivido,

Círculo de lectores, 1972, pp. 58-59.

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