Sobre pantuflas

No hay mayor espacio de intimidad que aquel cobijo entre mis pantuflas y yo.  Suave intimidad, acolchada complicidad.

De ellas me cautiva su sencillez, su perfil bajo, su paso relajado. Compañeras en las treguas con la rutina,  en el café con leche que bosteza su alma blanca, y en las mejores lecturas.

Pocas cosas me hecen sentir tan frágil como cuando una de ellas se moja. Me moja. Esa  es -ciertamente-  una invasión desmesurada a la intimidad.  Hoy me ha pasado; aún estoy vulnerable.

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