Cotidiano

En cada oscuridad yo me descalzo

y con los pies aún tibios y suaves

resbalo el filo de una tensa hoja

-el feroz límite de la página-

hasta que llega la magia húmeda

tinta vital fluye y se une a la negra

tejiendo horas que me regocijan.

Entonces vuelven los intensos días

rastreando a bandidos londinenses;

sorteando laberínticos espejos

o recordando mares con Ulises;

mariposas y goce en Macondo;

los silenciosos páramos de Rulfo;

las ganas de abrazar mucho a la Maga;

verdes noches en viles dictaduras,

caricias a los gatos de Soriano.

Hasta que vuelve el recurrente día

y ese vulgar zarpazo cotidiano,

de razón utilitaria y mercantil,

pretende extirpar la fantasía

que sigue resistiendo protegida

por su fiel escudero, el asombro.

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