Noviembre 16, 2009
Ánimo árido
Extraño los estrépitos
de tinieblas violentas
y flashes en el cielo,
la espera del ruido
la atmósfera expectante
y el viento causando gemidos
en las visagras cobardes
-
En especial la extraño a ella
la musa de lo verde
despertando olores,
la líquida catarsis
envolviéndolo todo,
la pureza gratuita
manando del cielo.
-
Me conformaría
-incluso-
con sus despojos en el suelo
para pasar descalzo y sentir
que no se fue para siempre.
Noviembre 7, 2009
Una puerta

Existe una calle en Guanajuato, México, en la que permanece intacta la puerta que conecta directamente con el paraíso que a cada uno se le ha perdido. Solo se puede penetrar su umbral una vez.
Llego al portal en una especie de sueño con escalas diversas y extrañas. No hay nadie frente a ella, pero no es eso lo que despierta mi sospecha; lo que me desencanta es la contradicción entre su promisoria fachada y esa herramienta de la propiedad privada, ese corazón de hierro con forma de candado.
Ni golpeo, ni intento abrir, ni llamo con las manos. Doy media vuelta y sigo errando con la certeza de que hay encantos que se agrietan ante un pequeño símbolo.
(Fotografía: Lour y Ser)
Octubre 26, 2009
Joaquín Sabina en estéro
Ellos casi no compartían momentos, no caminaban veredas ni degustaban vinos. Ellos no tenían ni idea de dónde vivía el otro, ni siquiera intuían el punto cardinal hacia el cual sus cuerpos irían a reposar.
Pero si pudieran verse simultáneamente mientras cada uno desanda su propia rutina, se encontrarían cantando alguna canción de Sabina.
Hoy, tal vez…
…los besos que perdí,
por no saber decir:
“te necesito”…
Octubre 22, 2009
Amplast
Confitadas grietas de amor plástico
dejaron tus blasfémicos dígitos
que usurparon, sigilosos, estas tierras morenas
oxidadas tras la intemperie de tu abandono
ahora deciden plantar bandera
en lo anacrónico y prohibido.
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Emi Vega Hunicken, 2009.
Octubre 22, 2009
Editorial _ Símbolos abiertos
Hay visitantes que leen los símbolos silenciosamente, y son acogidos.
Hay cómplices que se cruzan en divagaciones y conjuras con los símbolos que desde aquí se comparten, y son extrañados cuando pasa tiempo sin cruzarnos.
A partir de hoy habrá compañeros que compartirán sus textos confiando en que este espacio es una sencilla plataforma hacia los infinitos cotidianos, y son muy bienvenidos.
Como escribió el poeta: gracias por el fuego.
Octubre 7, 2009
Neruda y la palabra
…Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados… Brillan como perlas de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío… Persigo algunas palabras… Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema… Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas… Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto… Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola… Todo está en la palabra… Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció. Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces… Son antiquísimas y recientísimas… Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada… Que buen idioma el mío, que buena lengua heredamos de los conquistadores torvos… Éstos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo… Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de la tierra de las barbas, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras.
Pablo Neruda. Confieso que he vivido,
Círculo de lectores, 1972, pp. 58-59.
Septiembre 23, 2009
El mundo y sus lenguajes
“El mundo es un lenguaje y no una colección de objetos”.
Algirdas Julien Greimas
Algunos días desconozco el idioma que nos habla el mundo. Y eso no siempre me conflictúa: opto por disponerme a realizar mis propias lecturas de lo que observo. Entonces las miradas que gotea un colectivo lleno indican “y sí, a todos nos aquejan los mismos temores”; una plaza vacía presagia una rotación más veloz de la tierra; el olor de la ropa describe el día vivido; los automóviles rugen puteadas de distinto tenor.
Recién cinco dedos erguidos como granaderos me indicaron que debía detenerme. Dudé. Me confudí porque -minutos antes- también cinco dedos me habían despedido. Sí, es cierto, los primeros estaban menos rígidos. Hasta flameaban un poco.
Estoy seguro de preferir los signos flexibles.
Septiembre 3, 2009
Sentencia
…y que muera la muerte
a los pies de los amantes
Alfonsina Clariá
Que se muera la muerte
antes de rozar a un niño,
que fallezca aburrida.
Que se muera la muerte
y lo haga de rodillas
cuando visite a un débil.
Que muera y que le avise
a todos sus sicarios
que está muerta la muerte
y se quedan sin amo.
Que se muera la muerte,
privada de la brisa
que despeina a los libres.
Que se muera la muerte
con la agenda cargada
de proyectos y amigos.
Que se muera la muerte
en el umbral del alba:
que a nadie más se lleve
sin poder despedirse
y que cese su obra,
que las calas sigan
unidas a su tallo
y no existan llamados
ni avisos ni palmadas
con funestos anuncios.
Y que muera la muerte
con sus puntos finales,
que vivan los dos puntos
los puntos suspensivos
las páginas en blanco
para seguir a tiempo
de escribir esa frase
que me fluye por dentro
y no puedo ofrecer.
